sábado, 24 de enero de 2015

La lucha de GABO

Se ha dicho que para comenzar algún proyecto, en este caso, literario, hay que partir de cero. También se debe agregar que todo profesional pasó por la faceta de neófito, y que para ser aceptado, aplaudido, y editado, igualmente se debe tragar el sabor de un rechazo, la noticia de una negación, el sueño __muy lejos de la realidad__  de la impresión de un libro. Contar con pocos recursos, quedarse sin trabajo porque un dictador cerró El Espectador (prestigiosa publicación donde Gabo dio sus primeros pasos como escritor novel), exiliarse de su terruño, vender su auto, depender de su esposa Mercedes Barcha __¡qué dicha!__ para encerrarse a escribir. Fueron decisiones abruptas y determinantes que no mermaron la lucha de Gabo.
Por todas esas facetas anteriores, y posteriores, pasó Gabriel García Márquez. Quizás hayan más ocultas que se revelarán más adelante por sus investigadores. Hasta aquí es lo que sé.
Lo cierto es que en 1952 Gabo sufrió su primera frustración literaria: la prestigiosa Editorial Losada, de Argentina, no publicaría su novela,  La hojarasca.
Entre col y col, lechuga. Gabo, en el exilio, tuvo que seguir ejerciendo el periodismo y continuar su andadura literaria. A los 35 años era autor de cuatro libros… ignorados, y con su nombre desconocido. ¿Habrá pensado en tormentosas ideas como la renuncia, el suicidio? Hay evidencias de que Gabo retomó su lucha.
Fue México como un árbol que le brindó sombra y frutos. También la mano amiga de un compatriota, el escritor Alvaro Mutis, radicado en Ciudad de México, sirvió como incentivo para su obra cúspide que lo llevó al estrellato: Cien años de soledad. Una novela cuya historia se plagó de restricciones y sacrificios durante dieciocho (18) meses para Gabo hasta que en 1967 la Editorial Sudamericana, también de Argentina, esta vez su editor, el español  Paco Porrúa, le diera el sí en una imprenta de Buenos Aires con una tirada inicial de ocho (8) mil ejemplares, y sin promociones por los medios de comunicación que se agotó en pocas semanas.
Desde La hojarasca hasta Cien años de soledad, desde la Editorial Losada hasta la Editorial Sudamericana, desde 1952 hasta 1967: la lucha de Gabo había diversificado efectos históricos. Para ello tuvo que esperar ¡15 años! Una editorial argentina que le negó una publicación hasta otra editorial, también de Argentina, que le publicaría la obra que ha inspirado a miles de escritores en todo el mundo, traducida a más de 35 lenguas, con ventas que superaron los 50 millones de ejemplares.  Mejor aún: su lucha convertida en gloria se coronó en 1982 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Tuvo que esperar ¡15 años más! Había cumplido los 55 años. ¿Qué ¨el premio literario no hace al escritor¨? En cierta medida, puede que sí. Pero cuánto lo estimula.
Habitualmente todo General ha comenzado por soldado raso; toda guerra: por una pelea; toda realidad: por un sueño. Así que la lucha de Gabo tuvo un vencedor: Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927-- Ciudad de México, 2014).

REFERENCIAS:
·         Zuluaga, Conrado. Gabriel García Márquez: contador de historias.  EN: Semana ARCADIA, No 103, 23 de abril—21 de mayo de 2014.

·         NOTAS sobre Gabriel García Márquez en publicaciones seriadas latinoamericanas.

3 comentarios:

Pedro Merino dijo...

Como se muestra en la REFERENCIA, este post es, además, fruto de mi periplo por Colombia en busca de un editor o de alguna editorial que quisiera invertir en mi obra literaria. Claro que lo logré. Es también un ejemplo a imitar y a superar, pues ese autor también sufrió discriminaciones y sinsabores en post de su andadura literaria. Bueno, de todo un poco, para rayar en lo cierto.

Anónimo dijo...

Con permiso, esa fuente es confiable?, de donde sacas la info del Gabo. No lo creo todo.

Pedro Merino dijo...

Sr. Anónimo. Tuve en mi poder un ejemplar de la Revista Arcadia gracias a mi presentación en CORFERIAS BOGOTÁ, o en Feria Internacional del Libro de Bogotá, Colombia. Solo me limité a resumir las facetas más importante de García Márquez durante su andadura literaria. Claro que no agregué nada. Es más, ese material informativo se guarda en bibliotecas colombianas. Deberías visitarla si vives allí. Saludos.