sábado, 31 de enero de 2015

El escritor desconocido

El escritor desconocido

Crees que solo tú puedes ayudarte y escribes sin parar. Casi no revisas lo que escribes y lo envías a cuanto concurso literario se aparezca ante tus ojos. No obtienes ni siquiera una mención en dichos certámenes. Dudas de tu autoría. Dudas de los jurados. Haces lo increíble para que revisen tu obra literaria, familiares, amigos y desconocidos. Sueñas con un contrato en una pronunciada agencia literaria. Lees muchas biografías e imaginas cuándo se publicará la tuya. Te apartas de las invitaciones y los premios, o los rechazas, porque crees que la posteridad o los dioses harán más por ti y por tu obra literaria. Participas en  concursos literarios, nacionales e internacionales,  acompañado de un ambiguo  currículum. Lees fragmentos de tus obras para alimentar a tu ego. Relees Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa para saber que no estás solo. Escuchas fragmentos de los otros autores, noveles igual que tú, y lo criticas constructivamente para no buscarte problemas con él y tener a un aliado más que admire tu obra. Criticas  destructivamente a otros autores, noveles igual que tú, y ganas a un enemigo más. Buscas consejos de escritores profesionales, de ésos que  son famosos y salen en los noticieros o en programas radiales y de televisión y tienes mucho cuidado de no ofenderlos. Te tomas una foto con ellos y la exhibes en tu blog o en tu hogar para medir los talentos. Inclusive, participas como invitado al programa radial o televisivo y pides te autoricen diseminar un video cómplice de tu triunfo compartido con un ícono de las letras. Aún crees que no es suficiente y te dedicas a escribir artículos para que lean tu nombre y apellidos en letras de molde que releerás una y un millón de veces, quizás para aplacar tu ego y creerte conocido y que llegaste a un sector de lectores. Te aprovechas de las ventajas de Internet y las redes sociales  como Facebook y Twitters para, inclusive, obligar con dulces y engañosas palabras a amigos y desconocidos para que hagan click en ME GUSTA o ¨like¨ y de esta forma tu website o portal sea un poco más conocido. Juras que una antologia de poesía o cuento pudiera conectarte con otros soñadores. Confundes fetichismo con literatura. Donas uno o dos libros  tuyos, tal vez más,  a una biblioteca pública o privada para que tu obra sobreviva a los embates del tiempo. También pagas por tu obra a una pequeña editorial y te das cuenta que no es suficiente y haces lo indecible por conseguir dinero y autoeditar tu obra con una portada envidiable en una de las grandes editoriales que son blancos del ojo de la crítica especializada. No contento con ello, admites que el sexo y las buenas y malas palabras pueden llenar cualquier vacío y lugares comunes __ o frases de otros autores__ y te acuestas con un editor o editora. Sabes que el objetivo es darte a conocer por cualquier medio informativo. Te dedicas a entrevistar y a ser entrevistado porque cualquier pecado puede sacarte del anonimato y llevarte al podio del estrellato. Crees,  a veces erróneamente,  que el suicido pudiera catapultear  o ameritar tu obra al pasar los años.  No contento aún, pagas la traducción de tu libro más leído a varios idiomas,  quizás para que se acerque, o supere, a la Biblia. Amas la pobreza para que la musa y el razonamiento te enamoren y la riqueza se la regalas a los editores o lacayos de tu talento. Inventas problemas y persecuciones políticas para que la gran prensa se ensañe contigo y tu nombre y tu fotografía ocupen la primera plana de los diarios. Visitas galerías y teatros para ocupar un lugar en la farándula, la politiquería o el sudmundillo cultural antes que sea un mancillado como Napoleón Bonaparte porque  “una retirada a tiempo equivale a una victoria”.  Aseguras que el tiempo que le dedicas a la literatura es más importante que el amor a tu pareja, a tus padres, a tu patria... y más que Jesucristo o Mahoma.  Y crees que tu destino es lo que dijo   Honorato de Balzac: “ El gran problema que deben  resolver los artistas (o los escritores) es destacarse”.

sábado, 24 de enero de 2015

La lucha de GABO

Se ha dicho que para comenzar algún proyecto, en este caso, literario, hay que partir de cero. También se debe agregar que todo profesional pasó por la faceta de neófito, y que para ser aceptado, aplaudido, y editado, igualmente se debe tragar el sabor de un rechazo, la noticia de una negación, el sueño __muy lejos de la realidad__  de la impresión de un libro. Contar con pocos recursos, quedarse sin trabajo porque un dictador cerró El Espectador (prestigiosa publicación donde Gabo dio sus primeros pasos como escritor novel), exiliarse de su terruño, vender su auto, depender de su esposa Mercedes Barcha __¡qué dicha!__ para encerrarse a escribir. Fueron decisiones abruptas y determinantes que no mermaron la lucha de Gabo.
Por todas esas facetas anteriores, y posteriores, pasó Gabriel García Márquez. Quizás hayan más ocultas que se revelarán más adelante por sus investigadores. Hasta aquí es lo que sé.
Lo cierto es que en 1952 Gabo sufrió su primera frustración literaria: la prestigiosa Editorial Losada, de Argentina, no publicaría su novela,  La hojarasca.
Entre col y col, lechuga. Gabo, en el exilio, tuvo que seguir ejerciendo el periodismo y continuar su andadura literaria. A los 35 años era autor de cuatro libros… ignorados, y con su nombre desconocido. ¿Habrá pensado en tormentosas ideas como la renuncia, el suicidio? Hay evidencias de que Gabo retomó su lucha.
Fue México como un árbol que le brindó sombra y frutos. También la mano amiga de un compatriota, el escritor Alvaro Mutis, radicado en Ciudad de México, sirvió como incentivo para su obra cúspide que lo llevó al estrellato: Cien años de soledad. Una novela cuya historia se plagó de restricciones y sacrificios durante dieciocho (18) meses para Gabo hasta que en 1967 la Editorial Sudamericana, también de Argentina, esta vez su editor, el español  Paco Porrúa, le diera el sí en una imprenta de Buenos Aires con una tirada inicial de ocho (8) mil ejemplares, y sin promociones por los medios de comunicación que se agotó en pocas semanas.
Desde La hojarasca hasta Cien años de soledad, desde la Editorial Losada hasta la Editorial Sudamericana, desde 1952 hasta 1967: la lucha de Gabo había diversificado efectos históricos. Para ello tuvo que esperar ¡15 años! Una editorial argentina que le negó una publicación hasta otra editorial, también de Argentina, que le publicaría la obra que ha inspirado a miles de escritores en todo el mundo, traducida a más de 35 lenguas, con ventas que superaron los 50 millones de ejemplares.  Mejor aún: su lucha convertida en gloria se coronó en 1982 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Tuvo que esperar ¡15 años más! Había cumplido los 55 años. ¿Qué ¨el premio literario no hace al escritor¨? En cierta medida, puede que sí. Pero cuánto lo estimula.
Habitualmente todo General ha comenzado por soldado raso; toda guerra: por una pelea; toda realidad: por un sueño. Así que la lucha de Gabo tuvo un vencedor: Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927-- Ciudad de México, 2014).

REFERENCIAS:
·         Zuluaga, Conrado. Gabriel García Márquez: contador de historias.  EN: Semana ARCADIA, No 103, 23 de abril—21 de mayo de 2014.

·         NOTAS sobre Gabriel García Márquez en publicaciones seriadas latinoamericanas.