domingo, 25 de diciembre de 2016

Pupy @ Pancha: cuentos para niños

FRAGMENTO de Pupy, el ratoncito blanco:
...Ya casi Manny había dejado su rol de mediador en el conflicto contra Pupy.
Si me van a ajusticiar, expresó Pupy, tengo derecho a quejarme primero.
¡Qué ¨derechos¨ tú hablas!..., intervino Ayán, si los humanos los violan.
          ¡Sí, síiii!, gritaban varios grupos de ratones.
Jamás seremos tratados como mascotas, seguía hablando Ayán. Más bien nos aniquilarán. Reducirán a cero nuestra especie a través de venenos.
Permiso, dijo Pupy, si ustedes siguen  mordisqueando sacos de alimentos en los almacenes, los humanos seguirán envenenándolos…
¡Calla ese hocico rosado!, le interrumpió otra vez Ayán.
Si me han de comer, me habrán de escuchar, prosiguió Pupy. Pero recuerden que muy  pronto, después de tragarme, algunos de ustedes se convertirán en  una masa química. Seguro morirán como mi especie, la de ratones blancos. De lo contrario ya es hora de exigir nuestro derecho animal a convertirnos en mascotas… ¡y que nos traten  como tal! ¨Ratón es más que blanco, más que mulato, y más que negro.¨
Entonces solo se escuchó un silencio. Luego un grupo de ratones, aterrorizados por las palabras de Pupy, comenzaron a irse. Dejaban que otro grupo se encargara de probar la carne blanca de Pupy y que corrieran el riesgo de envenenarse por culpa de un ¨desecho químico, alias Pupy Uno, marca registrada¨.
Ya es la hora, le decía alguien en el interior de Pupy, ya es la hora de correr, de huir.
Pupy se lanzó a la corriente de agua que terminaba de salir con más firmeza por uno de los tubos. Se dejó llevar por el impulso de esa corriente hacia un destino fortuito. Si había logrado escapar de las prácticas de laboratorios, seguro escaparía de la encerrona en que se encontraba.
No sabía si aún lo perseguían aquellos a quienes les había predicado la tentación de ser una mascota. No podía creer que fuera recibido así por sus semejantes, porque eran ratones como él, aunque de diferentes especies o razas.
Pupy continuó agitando sus patitas. Levantaba lo más que podía su hociquito con tal de que no le entrara agua. Tampoco quería probar esa turbia agua. Había desconfiado igualmente del  agua que le servían en las jaulas de los laboratorios.

En cuanto vio un chispazo de luz natural, se hizo avanzar más con sus patitas. Quería salir cuanto antes de aquel mundo furtivo. De verás iba a salir. En verdad acababa de salir. Al instante vio una superficie seca. Caminó por allí con muchos escalofríos. Estornudaba. Pensaba iba a pescar un resfriado. Le esperaría una gripa después de unos días...
FRAGMENTO de La yegua Pancha:
...Había estado cortando hierba durante más de una hora. En su coche transportaba unas maderas para venderlas en el pueblo donde vivía.
Vamos, Pancha, le tiraba besos, dale... sigue, Pancha, sigue.
Y es que aquellos ¨besos¨ no eran más que órdenes, las cuales esa yegua interpretaba como una acción a cumplir. O sea, seguir adelante, camino arriba, camino abajo.
El cochero recordaba que muchas veces había estado a punto de comprarse un auto. Le fascinaban los autos. Más bien urgía cuanto antes de hacerse de algún vehículo de tracción con fines laborales. Pero como tenía escasez de recursos tuvo que conformarse con un coche y una yegua. Con una yegua llamada Pancha.
          Pancha, arriba, repetía, Pancha, abajo. Sigue, Pancha.
Apenas dejaba de hablar con su yegua, volvía de nuevo a vocearle su nombre y Pancha comenzaba a relinchar de felicidad por solo escuchar la voz de su amo.
Oh, mi yegua fina. A mí debieran darme una licencia de conducción. Mira qué bien conduzco.
El cochero se vanagloriaba de ser un gran chofer. Alardeaba que era el mejor de su pueblo porque nunca había tenido un accidente, y un poco que menospreciaba a su yegua.
Son mis manos las que te guían, Pancha. Oh, soy  un gran chofer. Mírenme, gente, vean al mejor chofer de carruajes... y de autos.
La yegua Pancha relinchaba. Hacía unas muecas con su bocaza para acomodarse los arreos y continuaba la marcha...