martes, 24 de febrero de 2015

"¿El premio literario hace al escritor?"

"¿El premio literario hace al escritor?¿Todos los escritores premiados tienen etiquetas de relevantes, imprescindibles (...)? No sé si es la duda o la convicción lo que me interroga."
                                                                                                                   P.M.

Con esas interrogantes traté, otra vez, de infundir atención en redes sociales. Recibí disímiles respuestas que acontinuación trataré de reproducir a groso modo. Disculpen la irregularidades en las opiniones. 

"El premio no le hace, pero cómo le ayuda!"

"Luminarias de la Literatura universal como Jorge Luis Borges, León Tolstoy, Federico García Lorca, Marcel Proust, Paul Valéry, Franz Kafka, James Joyce, Julio Cortázar, Mark Twain, Arthur Miller, Émile Zola, Henrik Ibsen, Graham Greene... y otros tantos más merecieron el Premio Nobel de Literatura, pero tampoco se ofuscaron por ningún tipo de premio o galardón; lo que nos da a entender, que no es necesaria su obtención para ningún intelectual, porque tarde o temprano, éste alcanzará sus objetivos a través del trabajo disciplinado y constante. Que llegue al público y éste le acepte, a la vez que compre sus obras, es el mayor premio que puede alcanzar. Las grandes multinacionales del mundo editorial fabrican sus intelectuales o doblegan a otros que podrían ser grandes promesas futuras en el marco de su libertad creativa y de expresión. En 1958 lo rechazó Boris Leonidovich Pasternak, el famoso autor de la monumental obra, "Doctor Zhivago", y en 1963 el escritor y filósofo francés Jean Paul Sartre.http://unlibroaldia.blogspot.com.es/2012/10/quedate-con-tu-premio-literario.html"

"Los premios son reconocimientos a su trabajo. Pero no es eso lo que le convierte en ello, es su destreza con la pluma. Hay grandes escritores que han sido reconocidos y galardonados en título póstumo. Imposible que exista un premio para cada escritor. El éxito merecido o inmerecido no puede tocar las puertas de todos los escritores. Lo importante es crear, crear, y crear; te reconozcan o no, y si te ganas un premiecito "qué rico", si no seguiremos haciendo camino al andar: golpe a golpe, verso a verso. Viva Machado y  (Pedro) Merino el autor de esta página que invita a la reflexión sincera. Un abrazo."

"El premio te puede ayudar o no. Me explico, los hay que después de recibir un premio se crecen y pierden toda la modestia, quedándose incluso anclados. Y en otras circunstancias pueden ser alicientes para seguir creciendo."

"Elevarse está bien, pero hay que luchar por mantenerse. Y eso es a base de trabajo, constancia y crecimiento personal."

"El premio es un reconocimiento que desde luego ayuda, el gran juez del tiempo te otorgará el del reconocimiento a la universalidad de la obra, su atemporidad y muy importante su autenticidad si es una obra de arte , el escrutinio final , lo decide la grandeza de él y el de sus seguidores, no solo hace grande y eterna a un autor un premio otorgado por una organización, ya sea el Nobel , el premio lo da el consumidor que es capaz de elevar la obra por encima del tiempo y la hace eterna en la conciencia de la humanidad. Nadie duda de la grandeza de autores que sin ser premiados conforman el mundo del arte, no podemos hablar de arte sin ellos, desde el primero que grabó en las cuevas sus habilidades de cazador, dejó sus huellas y nos regaló una realidad transformada por la magia del creador."

"El premio te da dinero, te abre las puertas para entrar en editoriales, te da fanáticos."

"Los premios son cariñitos ... nadie se los cree."



"En definitiva, que los premios tienen la importancia que uno mismo quiera darle."

"Es cierto. Hay autores que NO merecen un premio y lo disfrutan como amos."


"Y añado otra pregunta. ¿Cuando uno se considera escritor? ¿Por el simple hecho de escribir o porque le reconozcan como tal?"

"Poseo una colección de libros incunables magnifica... Entre ellos están las cartas escritas por Marimar a un personaje de la novela de Thomas Mann,   La Montaña Mágica. "

"Sí, claro. El premio es contemporàneo. Los incunables o libros de antes de la imprenta no lo conocieron."

"Yo he organizado presentaciones de libros porque creo no se le da espacio a los escritores contemporáneos... El ser humano es de naturaleza un poco holgazán ... por ello imita, sigue y pierde . Para darte un ejemplo , el Jose Marti que me enseñaron en Cuba , no tiene nada que ver con el Jose Marti que por mi sola descubrí en el exilio. También está la persona que hace una selección de poesías y una manada de maestros y profesores la divulgan... He encontrado tanto en escritores desconocidos,tanto en poetas que se han pagado su propia edición ... El sentir ,,, y el transmitir no se mide por intelectualidad ni mucho menos por cultura ... es ser y dar"

"Entonces el premio es otro negocio : 'No son todos los que están ni están todos los que son'. "

"Los premios no son otra cosa que eso. El escritor lo utiliza para darse más a conocer y las editoriales para obtener beneficios."

"El premio es un reconocimiento , es estimulo para el creador, no significa que se ha hecho una evaluación definitiva de la obra premiada, algunos constituyen negocios, otros, no , un abrazón amigo, un abrazón..."

"El escritor Javier Marías rechaza el Premio Nacional de Narrativa" : http://www.abc.es/20121025/cultura-libros/abci-javier-marias-rechaza-narrativa-201210251529.html

Hasta aquí las opiniones de escritores noveles y lectores. Llegue usted a su propia conclusión.

sábado, 7 de febrero de 2015

¿El escritor es un vago... una carga pública?

El escritor es un vago, una carga pública. No esperes escribir un buen libro mientras trabajas. Deja el trabajo y ponte a escribir", P.M.

Con esa frase traté de infundir atención en redes sociales. Han sido múltiples las respuestas que a groso modo trataré de comentar. Y claro que esa frase es en ¨sentido figurado¨. Claro que sí. Y si se analiza desde el punto de vista literal también tiene su ambigüedad. ¿Que estoy ofendiendo a escritores, a gente que tiene tiempo que perder, mantenido por la sociedad, por el Gobierno? Claro que no también. 
Vivir de las letras, del papel impreso, es muy difícil en estos tiempos que corren. Pero también hay que señalar, cabe señalar, que todo aquél que escribe, que tiene acceso a la gran prensa, no lo hace todo bien, como supuestamente lo debe hacer. 
A menudo escucho o leo, por aquí, allá y acullá, ¨no son todos los que están ni están todos los que son¨. ¿Que  hay algo de envidia en ese planteamiento u opinión? Claro que sí también.
Ahora bien, vamos al grano con respecto a lo que escribí en redes  sociales. 

Según comentarios: 

"No me considero una persona vaga, pero no puedo trabajar si quiero escribir, máxime porque la inspiración suele llegarme de noche y de madrugada. En fin... un escritor tiene que ser bohemio y un poco loco!"

"Quien escribe sublimes cantos de inspiración, lo hace con cincel contra la roca ignorante dejando al prejuicioso y politiquero entre el laberinto de sus vagancias, catalogando y caracterizando a quienes producen creando universos..."

"Yo por eso soy tan mal escritor, pues trabajo mucho."

"Entonces si no hubieran vagos escaseaba la lectura...
prefiero la vagancia y recrearme en un buen libro."


"Entonces, hace tiempo que practico la vagancia, aunque no con muy buenos resultados."


"En mi caso he tenido etapas favorables, cuando he estado vinculado al periodismo o a la docencia; pero la mayoría del tiempo me ha tocado batallar ferozmente para defender la poesía. Yo creo que todo es cuestión de pasión, no es fácil abandonar una 'pasión', si no no tuviéramos a los grandes místicos, ni a los Siglos de Oro, ni a Martí, entre otras muchas grandezas. Etimológicamente, la palabra Vago, pertenece a Vaguedad, a Vagar, y eso es lo que han hecho los poetas a lo largo de los siglos: hemos vagado descubriendo la belleza, resguardando el amor, buscando un sentido más sensitivo y hermoso, frente al concepto cruel y ordinario de la vida."


"Creo que hay muchas lecturas para esa frase e interiorizarla literalmente podría conducirnos a interpretaciones erróneas. La mayoría de nosotros tiene que trabajar 8-10 horas al día para vivir, por tanto no podemos darnos el lujo de los escritores ricos que alquilaban villas en la Riviera Francesa para inspirarse... al mismo tiempo, como bien dice una amiga, 'el arte de escribir es un amo sin ataduras y libre por naturaleza'... al menos en el momento de escribir, y aunque sólo sea por unas pocas horas o unos pocos minutos, hay que romper cadenas de todo tipo."


"¿Elegir entre trabajar o escribir?. Ya no sé si es un debate o una chanza, ¿Es que ser un buen escritor no puede ser compatible con un buen trabajador? Se pueden escribir grandes obras en días u horas (Lope de Vega), o auténticos bodrios tras obras de años y años de dedicación. Si el ser escritor exige la irresponsabilidad de eludir tus obligaciones, pues no será tan buena opción.Yo trabajo cuando debo y escribo cuando puedo. Gustará o no lo que hago, pero me quedo con lo esencial que me gusta a mí y es lo que debe importar."


"Debemos tener cuidado, porque las bibliotecas están repletas de libros inútiles, que nadie leerá nunca, y muchas personas continúan escribiendo sin darse cuenta de esto, porque carecen de conciencia crítica y voluntad estética."

Hasta aquí con las opiniones. No les molestaré más con esa interrogante. Solo un sermón:escribe sin esperar algo a cambio, y punto.

sábado, 31 de enero de 2015

El escritor desconocido

El escritor desconocido

Crees que solo tú puedes ayudarte y escribes sin parar. Casi no revisas lo que escribes y lo envías a cuanto concurso literario se aparezca ante tus ojos. No obtienes ni siquiera una mención en dichos certámenes. Dudas de tu autoría. Dudas de los jurados. Haces lo increíble para que revisen tu obra literaria, familiares, amigos y desconocidos. Sueñas con un contrato en una pronunciada agencia literaria. Lees muchas biografías e imaginas cuándo se publicará la tuya. Te apartas de las invitaciones y los premios, o los rechazas, porque crees que la posteridad o los dioses harán más por ti y por tu obra literaria. Participas en  concursos literarios, nacionales e internacionales,  acompañado de un ambiguo  currículum. Lees fragmentos de tus obras para alimentar a tu ego. Relees Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa para saber que no estás solo. Escuchas fragmentos de los otros autores, noveles igual que tú, y lo criticas constructivamente para no buscarte problemas con él y tener a un aliado más que admire tu obra. Criticas  destructivamente a otros autores, noveles igual que tú, y ganas a un enemigo más. Buscas consejos de escritores profesionales, de ésos que  son famosos y salen en los noticieros o en programas radiales y de televisión y tienes mucho cuidado de no ofenderlos. Te tomas una foto con ellos y la exhibes en tu blog o en tu hogar para medir los talentos. Inclusive, participas como invitado al programa radial o televisivo y pides te autoricen diseminar un video cómplice de tu triunfo compartido con un ícono de las letras. Aún crees que no es suficiente y te dedicas a escribir artículos para que lean tu nombre y apellidos en letras de molde que releerás una y un millón de veces, quizás para aplacar tu ego y creerte conocido y que llegaste a un sector de lectores. Te aprovechas de las ventajas de Internet y las redes sociales  como Facebook y Twitters para, inclusive, obligar con dulces y engañosas palabras a amigos y desconocidos para que hagan click en ME GUSTA o ¨like¨ y de esta forma tu website o portal sea un poco más conocido. Juras que una antologia de poesía o cuento pudiera conectarte con otros soñadores. Confundes fetichismo con literatura. Donas uno o dos libros  tuyos, tal vez más,  a una biblioteca pública o privada para que tu obra sobreviva a los embates del tiempo. También pagas por tu obra a una pequeña editorial y te das cuenta que no es suficiente y haces lo indecible por conseguir dinero y autoeditar tu obra con una portada envidiable en una de las grandes editoriales que son blancos del ojo de la crítica especializada. No contento con ello, admites que el sexo y las buenas y malas palabras pueden llenar cualquier vacío y lugares comunes __ o frases de otros autores__ y te acuestas con un editor o editora. Sabes que el objetivo es darte a conocer por cualquier medio informativo. Te dedicas a entrevistar y a ser entrevistado porque cualquier pecado puede sacarte del anonimato y llevarte al podio del estrellato. Crees,  a veces erróneamente,  que el suicido pudiera catapultear  o ameritar tu obra al pasar los años.  No contento aún, pagas la traducción de tu libro más leído a varios idiomas,  quizás para que se acerque, o supere, a la Biblia. Amas la pobreza para que la musa y el razonamiento te enamoren y la riqueza se la regalas a los editores o lacayos de tu talento. Inventas problemas y persecuciones políticas para que la gran prensa se ensañe contigo y tu nombre y tu fotografía ocupen la primera plana de los diarios. Visitas galerías y teatros para ocupar un lugar en la farándula, la politiquería o el sudmundillo cultural antes que sea un mancillado como Napoleón Bonaparte porque  “una retirada a tiempo equivale a una victoria”.  Aseguras que el tiempo que le dedicas a la literatura es más importante que el amor a tu pareja, a tus padres, a tu patria... y más que Jesucristo o Mahoma.  Y crees que tu destino es lo que dijo   Honorato de Balzac: “ El gran problema que deben  resolver los artistas (o los escritores) es destacarse”.

sábado, 24 de enero de 2015

La lucha de GABO

Se ha dicho que para comenzar algún proyecto, en este caso, literario, hay que partir de cero. También se debe agregar que todo profesional pasó por la faceta de neófito, y que para ser aceptado, aplaudido, y editado, igualmente se debe tragar el sabor de un rechazo, la noticia de una negación, el sueño __muy lejos de la realidad__  de la impresión de un libro. Contar con pocos recursos, quedarse sin trabajo porque un dictador cerró El Espectador (prestigiosa publicación donde Gabo dio sus primeros pasos como escritor novel), exiliarse de su terruño, vender su auto, depender de su esposa Mercedes Barcha __¡qué dicha!__ para encerrarse a escribir. Fueron decisiones abruptas y determinantes que no mermaron la lucha de Gabo.
Por todas esas facetas anteriores, y posteriores, pasó Gabriel García Márquez. Quizás hayan más ocultas que se revelarán más adelante por sus investigadores. Hasta aquí es lo que sé.
Lo cierto es que en 1952 Gabo sufrió su primera frustración literaria: la prestigiosa Editorial Losada, de Argentina, no publicaría su novela,  La hojarasca.
Entre col y col, lechuga. Gabo, en el exilio, tuvo que seguir ejerciendo el periodismo y continuar su andadura literaria. A los 35 años era autor de cuatro libros… ignorados, y con su nombre desconocido. ¿Habrá pensado en tormentosas ideas como la renuncia, el suicidio? Hay evidencias de que Gabo retomó su lucha.
Fue México como un árbol que le brindó sombra y frutos. También la mano amiga de un compatriota, el escritor Alvaro Mutis, radicado en Ciudad de México, sirvió como incentivo para su obra cúspide que lo llevó al estrellato: Cien años de soledad. Una novela cuya historia se plagó de restricciones y sacrificios durante dieciocho (18) meses para Gabo hasta que en 1967 la Editorial Sudamericana, también de Argentina, esta vez su editor, el español  Paco Porrúa, le diera el sí en una imprenta de Buenos Aires con una tirada inicial de ocho (8) mil ejemplares, y sin promociones por los medios de comunicación que se agotó en pocas semanas.
Desde La hojarasca hasta Cien años de soledad, desde la Editorial Losada hasta la Editorial Sudamericana, desde 1952 hasta 1967: la lucha de Gabo había diversificado efectos históricos. Para ello tuvo que esperar ¡15 años! Una editorial argentina que le negó una publicación hasta otra editorial, también de Argentina, que le publicaría la obra que ha inspirado a miles de escritores en todo el mundo, traducida a más de 35 lenguas, con ventas que superaron los 50 millones de ejemplares.  Mejor aún: su lucha convertida en gloria se coronó en 1982 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Tuvo que esperar ¡15 años más! Había cumplido los 55 años. ¿Qué ¨el premio literario no hace al escritor¨? En cierta medida, puede que sí. Pero cuánto lo estimula.
Habitualmente todo General ha comenzado por soldado raso; toda guerra: por una pelea; toda realidad: por un sueño. Así que la lucha de Gabo tuvo un vencedor: Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927-- Ciudad de México, 2014).

REFERENCIAS:
·         Zuluaga, Conrado. Gabriel García Márquez: contador de historias.  EN: Semana ARCADIA, No 103, 23 de abril—21 de mayo de 2014.

·         NOTAS sobre Gabriel García Márquez en publicaciones seriadas latinoamericanas.

jueves, 7 de febrero de 2008

SINOPSIS DE LAS NOVELAS


LIBROS  DISPONIBLES  en:
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  • TAYNO CUBAO
    El autor, a través de documentos históricos fidedignos, logra interactuar entre personajes reales y ficticios. ¿Cómo lograron atrapar al cacique Hatuey, símbolo de la rebeldía taina? ¿Hubo dos caciques Caguax o dos capitanes de Hatuey? ¿La etnia taína sobrevivió a la conquista española a tal punto de mantener sus raíces autóctonas? ¿Fue honesto el padre Las Casas respecto a sus escritos sobre las Indias Occidentales? ¿Qué factores influyeron en el uso desmedido de la fuerza o violencia excesiva  por parte de los cristianos o conquistadores españoles? Mediante un lenguaje ágil y vivaz, el autor responde ésas y otras tantas interrogantes gracias a una atractiva historia y discurso que atraerán a los lectores.
    Novela histórica. 285 páginas. Inédito. Registro: 10-585-301 (Colombia)

  • CUERPO DE ESPÍRITU
La trama se desarrolla en La Habana del segundo milenio. Gary, un joven pintor cubano, sufre del Síndrome del Lienzo en Blanco que trata de minimizar a través de su tío Febles, propietario  del bote Ensueño, quien es, además, un experimentado pescador con licencia de los años 50 para pescar en el litoral norte de La Habana. Gary se inspira en el fondo marino para enriquecer su imaginación de artista plástico que lejos de escaparse en una aventura migratoria más allá del horizonte marítimo tiene la suerte de encontrarse un misterioso objeto cilíndrico atrapado por los arrecifes en Boca Chipiona, Santa Cruz del Norte, zona del naufragio de la fragata española Navegador (basado en hechos reales) acaecido el 4 de febrero de 1814 y víctima del pillaje de pescadores improvisados y buzos. Es una mirada a las artes plásticas, desde  la pintura figurativa hasta la pintura  abstracta  pasando por varias facetas más donde la ambición, el plagio, la fama,  se funden con la historia, y  hacen un encuentro con el verdadero artista plástico.
NOTA:  título de la obra, Trilogía llanera en el Caribe, de temática infantil juvenil, escrita y registrada en Colombia. 96 páginas. Inédito. Registro: 10-459-84 Dirección Nacional de Derecho de Autor de Colombia
  •  ALIENTO DEL VIENTO ATENTO

La trama se desarrolla en una guardería infantil donde unos niños se dedican a jugar en una pequeña pecera. Para ello utilizarán paquetes de juguetes, en miniaturas plásticas y de plomo, como ¨La aldea de los Magcaguas¨  y ¨La expedición científica del Ingeniero Saba¨, seres hechos de viento y de agua que olfatean su terruño a cierta distancia. Elementos absurdos como elefantes reposando sobre la nieve, mariposas aleteando en una nevada, cocodrilos nadando en aguas congeladas, etc, donde la imaginación de los niños va más allá de las aspiraciones de los personajes, maniatados y propensos a desapariciones en cada hábitat, donde el golpe de afecto, o lo inesperado, hará del lector una segunda lectura en un desembrollado final donde se entenderá el destino de cada miniatura de juguetes.
NOTA:  título de la obra,Trilogía llanera en el Caribe, de temática infantil juvenil, escrita y registrada en Colombia. 70 páginas. Inédito. Registro 10-459-84 Dirección Nacional de Derecho de Autor de Colombia
  • PUPY EL RATONCITO BLANCO

Siete cuentos con intensidad y tensión donde cada ser animal se identifica con sentimientos humanos. La destrucción del medio ambiente, del hábitat animal, la astucia para escapar de un peligro inesperado, el golpe de efecto, el derecho de ser mascota, de ser tratado como alguien importante, son elementos que despertarán el interés en el lector, en este caso, más joven.
NOTA: obra dirigida a un lector de entre 8 y 12 años. Título de la obra, Trilogía llanera  en el Caribe, Escrita y registrada en Colombia. 40 páginas. Inédito. Registro 10-459-84 Dirección Nacional de Derecho de Autor de Colombia

  • OPERACIÓN ¨FULA¨




Una pareja se escribe cartas. El sueña salir de una prisión. El ex Gerente Jaime Sardiñas piensa que tiene la razón y su esposa que él regresará al restaurant El Bodegón cuyos ingresos eran en dólares. El capitán Veitía, junto a su ayudante Rodríguez, intentarán hacer realidad el sueño de ese matrimonio de dos hijos. El culpable de que el ex Gerente esté preso comete un homicidio en la Quinta de la Caridad, una mansión cuyo propietario abandonó el país en 1959 y dicha residencia fue entregada a personas que no tenían donde vivir. El capitán Veitía y su ayudante Rodríguez investigan la escena del crimen donde se dan de bruces con una realidad precaria: la droga, la prostitución y negocios ilícitos pululan sin control, además de sueños y esperanzas que apuestan por una mejor vida.
Según informó la fundación Bartolomé March, la novela presenta un "estilo ágil y vivaz, punteado de cubanismos sabrosos, toques fonéticos de distintas hablas habaneras y referencias a costumbres y productos de la vida ordinaria local". Fue seleccionada entre un centenar de obras.
96 pag. 1a edic. Ediciones Bitzoc, España
ISBN: 84-95572-39-7
Depósito legal: PM-677-1986
  • EL CUÑO

    Apasionante thriller donde dos jóvenes se reencuentran después de muchos años. Uno es criminalista; el otro un asesino en series que acuña a sus víctimas en la frente y les dispara a los genitales. El capitán Veitía y su ayudante Rodríguez se encargarán de descifrar las letras del cuño así como sus inclinaciones en la frente hasta "retratar" al asesino mediante entrevistas a testigos. Un narrador personaje, amigo del asesino del cuño, le irá narrando y describiendo al lector hasta mostrarle al autor de los crímenes seriales.
98 pag.
Copyright US: TXu 1-683-806
  • EL CASO JIMAGUAS
Después de atrapar al asesino del cuño, el capitán Veitía y su ayudante Rodríguez viajarán hacia una intrincada escuela rural en busca de dos hermanas, Katia y Kenia Hernández y su amiguita, Sandra Suárez, de la misma aula, desaparecidas del recinto educacional. Mediante giros inesperados, entrevistas a los alumnos y profesores, se desentrañará una historia de amor, una familia separada, y unos criminalistas perplejos en la que fuera una Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) "Mártires de Sijú".
109 pag.
Copyright US: TXu 1-685-193
  • EL PAIS DE LA CIGUARAYA
Una pareja de españoles viaja a La Habana. Ella es de origen cubano y le muestra a su amado varios lugares históricos de la ciudad, así como también lugares grotescos. Sin embargo, no pueden compartir su privacidad en un hotel dolarizado y toman la decisión de alquilar un "rent a room" de una familia cubana. Su esposo alquila una bicicleta y sale a dar una vuelta por las periferias de La Habana. Desaparece. Su cuerpo es encontrado, a medio enterrar, por Samuel González (quien conoció al español antes), un empleado de Servicios Comunales, mientras desyerbaba un área asignada por su jefe.
Intrigante thriller donde el capitán Veitía y su ayudante Rodríguez intentarán descifrar el dialecto lucumí de los homicidas en un desembrollado final.
139 pag.
Copyright US: TXu 1-685-190
  • AMISTAD ES UNA CALLE DE LA HABANA
El sargento Rodríguez espera, en la comodidad de su confortable hogar, por un nuevo caso de homicidio. Una vecina le presta una novela donde los personajes de Osmel Brito y Chava Henríquez, obsesionados con emigrar sin exito alguno, se ven obligados a consultar al Babalao Alfonso, el cual les revelará sus destinos, en los cuales concerán a personajes del mundo marginal e intelectual.
115 pag.
Copyright US: TXu 1-685-257
  • LOS GUAPOS NO TOMAN SOPA
Jábico, Asere y Monina, tres personajes marginados, narran desde el patio de un lugar de hombres sin mujeres por qué cometieron homicidios y cómo fueron capturados por el capitán Veitía y su ayudante Rodríguez.
Son tres historias de humor y de resignación donde es recomendable asesorarse del Glosario de cubanismos al final del libro para lograr entender las palabras y fraseologías de esos tres personajes cuyo desenlace en cada historia conmina a reflexionar.
152 pag.
Copyright US: TXu 1-685-259
  • LAS ILUSIONES SEPARADAS
El capitán Veitía, durante unas breves vacaciones, se siente ocioso y decide volver a leer Angustia Peluda, una novela confiscada por la aduana de un aeropuerto cubano que un amigo le regaló. Dicha novela versa sobre la familia Suárez, que residía en La Habana y cree que en 72 horas llegará a Miami. Primero tiene que hacer escala a través de varias aerolíneas de las antillas menores. Pero quedará empantanada en la isla de Antigua donde tomará la decisión de abordar una precaria embarcación hacia una de las Islas Vírgenes Americanas en busca de la Ley de Ajuste Cubano.
181 pag.
Copyright US: TXu 1-685-239
NOTA: registros 403-2003 y 404-2003 ( Centro Nacional de Derecho de Autor de Cuba http://www.cenda.cult.cu/php/loader.php (clic aquí) y el Copyright de EE.UU (clic aquí). Prohibida su reproducción sin permiso previo del autor. Cada obra contiene un GLOSARIO DE CUBANISMOS al final del libro. Contacto: pmerino67@yahoo.com

domingo, 26 de agosto de 2007

El extravío (cuento)



(Literatura de ficción)
El extravío

Estaba allí. Tirado. Doblado en varias partes. Con el ómnibus en movimiento lo vi. Memoricé el lugar. Calculé los metros. Justamente detrás del Lada, parqueado en un parque. Seguro es un dólar. Pero dudé del valor. Sólo tenía la idea de bajarme, correr, buscarlo, encontrarlo. No era un billete verde olivo. Era verde. No podía parecerse a un Martí. Ni siquiera a un Maceo; aunque son de un verde claro.
Enseguida pensé en la cuantía del billete. De cinco. Diez. Quizás veinte. Cincuenta. A lo mejor de cien. Podía ser cualquiera de esos valores. Pero aún me encontraba en el ómnibus. La siguiente parada no quedaba lejos. Retrocedí mentalmente hacia el parque. El Lada continuaba parqueado. El billete doblado se estaba abriendo. Síntoma de los dólares. ¿Los demás billetes no hacen eso? No podía ser un euro por el color. Ni un yen. Ninguna moneda blanda. Tenía que ser un dólar. Y un dólar “gordo”. Vale pensar en grande. Soñar. Cambiar la realidad. Enriquecer la fantasía.
Delante de mí una persona impedía moverme hacia la puerta de bajada. Detrás, alguien pedía permiso, con ansias superiores a las mías. Supe que físicamente aún seguía en el ómnibus. Pero corría en busca del billete. Para encontrarte dinero necesitas dos factores: la suerte y la vista. Con suerte puedes ser lo que quieras. Con vista disfrutas de la suerte.
Sin embargo, no podía avanzar. Sentí halones a mi espalda, mientras los árboles de la calzada rozaban el ómnibus. Escuché gritos y pensé que el chofer había pasado la parada. Dudé del billete, pero fue corta la duda. Volví a sentir los halones y un roce en un bolsillo delantero. Al bajar la vista sorprendí   a   unos   dedos.   Eran  horribles.  Sucios.  De uñas largas. Me viré y no vi de quién.
Todavía pensaba en el billete. La parada se acercaba. Entre mis sienes me aproximaba al billete. En realidad debía bajarme en la otra parada. Pero si lo hacía me alejaba del billete.
De súbito me acerqué a la puerta de bajada. Sudaba. Sentía una frialdad. Un dolor de cabeza. Hasta que el aire fluyó  por la puerta de bajada. La claridad encandiló mis ojos. Bajé. Acalambrado caminé por la acera. Crucé la calzada. Me orienté en dirección al parque. Imaginaba que husmeaba alrededor del Lada. Entre mis sienes volví a ver el billete. Más verde aún. No quise mirar hacia atrás. Lo despejé. Llegué a la otra acera. A más de trescientos metros calculé el parque. Había sacrificado una parada. En estos momentos estaría subiendo la escalera de mi edificio. Tal vez me hubiera cruzado con un vecino. Lo hubiera saludado. Pero caminaba solo. Recto. Sin mirar atrás. Pensaba banalidades. Son los  vacíos de la ignorancia. Noté la diferencia de la brisa. El oxígeno. Las sombras de los árboles. Me viré y vi la diferencia atrás: árboles talados. Ñongos. Pensé que así es la vida. Nacer. Crecer. Fallecer. Seguí adelante. Recobré el recuerdo del billete. Ya estaría más abiertico. Enseñando la carota del mártir. ¿Pero alguien no se lo habría encontrado? ¿Cuánta gente lo habrá pisoteado? El chofer. ¡El chofer del Lada! Se lo habrá encontrado. A lo mejor era de él. No. Dios no es un sinvergüenza. Es mío... ¡Míralo allí! Qué vista de águila. Diría que de espía. Me acerco más. Hay personas en dirección... Tengo que correr.  Pero... el niño, el niño tropezó y cayó delante. Lo ha visto. Lo ha recogido. Se ha mandado a correr.  Lo sigo. Ya no corre.  Bueno, es un niño. Lo gastará
en mierdas. Le pertenece y me despido del billete. Adiós, papelito de la felicidad. Quedaste en pobres manos.

El pescador y la cámara (cuento)


(Literatura de ficción)
El pescador y la cámara


Desperté antes que el reloj. Cambié el atuendo de médico por el de pescador. Tomé un desayuno ligero y bajé la escalera sin saber a qué hora de la tarde la volvería a pisar. No tenía otra alternativa: la escasez prolongada es hambre.
Llegué a pie hasta el Malecón y en la ponchera de Prado inflé la cámara para lanzarme a la contaminación de la bahía.
La mayoría de los pescadores se tiran de noche y no soy la excepción. Sin embargo, decidí hacerlo una vez por la mañana.
Comprobé que la cámara me soportaba y remé más allá del Morro, a tal distancia que divisé el lado de la salida del túnel.
Dije que por la mañana me tiré. Pero el día se fue oscureciendo. Se hacía menos visible y, en un descuido, dejé caer el remo. No importa, me animé, regreso de manos.
Encarné el anzuelo y lo lancé. Inexplicablemente perdí el conocimiento. Por la noche abrí los ojos y las olas me presionaron hacia las profundidades. No veía sino tinta negra que me manchaba y el gusto salado hizo empinarme de una botella de agua. El sonido de las olas me habló en otro dialecto, como si me dijera que viajaría lejos.
Fue como sentarse en un ómnibus al revés: quería regresar y me alejaba. Vi la pista marítima que se le hacían huecos, pequeños, grandes, muchos más grandes, mayores y mayores. Las ondas que abrían, me podían tragar. Desde arriba escupían y me mojaban. Empapado y segado, perdí la ubicación de donde estaba.
Cuando uno está perdido le pregunta a un transeúnte la parada o las señas del lugar adonde va. Sin embargo, me vi solo y comprendí que la soledad absoluta es como esperar la muerte.
Recordé los retratos de mi esposa, de mi hija, me vi yo. Pero era otro. Seco, vestido, de pie. Aquí estaba agachado, mojado, me movía de posición, cuando la circulación me obligaba a estirar las piernas y darle patadas a la noche.
Ya dije que me tiré de día y olvidé llevar una vela. No podía ver nada.

La expulsión (cuento de ciencia-ficción)



(Literatura de ficción)
La expulsión

La profundidad nerviosa movía y emergía pesadas basuras por la playa. Los bancos de arenas se desmoronaban y dejaban precipicios que los microorganismos vivos y muertos subían de repente impregnados en un objeto cilíndrico, cuya masa sonaba como metal contra los caracoles y piedras, embarrado de algas.
La marea subía y empujaba, entre el agua y la arena, los restos perdidos. El objeto iba y venía de un lado a otro por su forma. Rodaba sin pararse en un lugar. Brincaba porque no se dejaba dominar después de varios siglos tragado por las arenas. Volvía a emerger por la corriente que quería echarlo fuera de su hábitat.
Silbaba por los choques con otros desechos antiquísimos. Daba vueltas y se postraba, hasta que varias olas lo impulsaron hacia la orilla. Giraba y brillaba el cobre. Las puntas de las olas tendidas no lo rozaban, mientras el viento le hacía remolinear por la superficie arenosa. Aún sin brisa se movía.
Quedaba tranquilo, pero a medida que el sol se encaramaba, un fulgor encandilaba la vista de dos pescadores.
De lejos parecía un pez, de cabeza y cola, mutilado. Tenía la aproximación a una obra de arte. Los pescadores, después de amarrar el bote al muelle, se sintieron atraídos por el objeto. La pesca fue mezquina, pero uno de ellos lo vio y lo encestó junto a los pescados. El otro no le hizo caso y le criticó la carga inútil.
Caminaron hacia el poblado, uno resignado, el otro esperanzado. Cada quien se desvió en pos de su hogar. El de la pesada carga comenzó a imaginarse el contenido del objeto, las manos no se unían al asirlo y la longitud no superaba media braza.
En casa repartió la pesca con la familia y se llevó en la jaba el objeto. En el patio lo sacó y observó un sudor ferroso que espiraba. Buscó instrumentos para deformar la estructura. Le asestó golpazos hasta dejarle chichones y abolladuras. Lo agitó con brusquedad y esta vez desde la “barriga” parecían brincar monedas o joyas. Imaginó la más ambiciosa fantasía. Pero extenuado por el hambre, postergó la manera en que haría vomitar la entraña del objeto.
Por la noche, después de la cena, miró al hallazgo que le refulgía una sombra extraña. Un gaseoso olor le hizo toser y lo ocultó en el cuarto de desahogo.
Al despertarse recordó un sueño donde, por la tarde, un galeón español había encallado en los farallones y en la orilla distinguió a mujeres y hombres harapientos, contó a varios niños, y varios cuerpos inflados que las olas reventaban contra los dientes de perros, volvían a restregarlos y un color marrón teñía los alrededores; pero vio más: unos negros con taparrabos saltaban y gritaban alrededor de los blancos, mientras un negro vestido oraba mediante convulsiones arrítmicas en el mismo lugar donde encontraron el objeto cilíndrico.
Fue hasta la playa y notó que había pescados reventados. Pensó en la contaminación del agua o que habría un tesoro en los bancos de arenas. Varios días repitió la inspección, pero no emergió nada.
Habló con un biólogo marino y le explicó que cualquier hallazgo que se descubriera, pertenecía al patrimonio nacional porque estaba en la plataforma insular del país. Que si era de valor histórico tenía que devolverlo.
Dejó de pescar. Día y noche pensaba en el objeto. Esperaba con inteligencia operarle el vientre. Consiguió una sierra. Pero los dientes del disco se le partían al más leve contacto con la piel de cobre. El motor no tenía potencia. Las huellas de los intentos por penetrarlo se pronunciaban más; sin embargo, el sonido a monedas seguía tintineando desde dentro.
Buscó un berbiquí y observó que la punta del barreno echaba un humillo y desplegaba un olor a quemado. No podía penetrar el objeto. No había forma. Seguía con los deseos. La reserva del encuentro del hallazgo la mantenía con cautela. En cualquier instante podían decomisarle el regalo del mar.
Desilusionado porque todavía no había abierto el objeto misterioso, decidió esconderlo quién sabe hasta que día.
Pasaron años sin que no supiera el secreto. El hijo mayor iba a casarse. El pueblo lo esperaba en la calle. Adentro él terminaba de ajustarse la corbata. La novia estaba sentada en el auto junto con el padre. El objeto todavía brillaba con las abolladuras y chichones. El joven lo abrazó con las manos. Lo colocó encima de las piernas, cuyos extremos sobresalían. Alzó el martillo que hizo una curva en el aire. Cayó encima del objeto el peso exacto, el golpe definitivo... La detonación rajó las paredes como un movimiento telúrico.

Quinta de la Caridad (Novela)

Nota: para leer la reseña en El País, pincha aquí     LITERATURA de FICCIÓN


Envié un solo ejemplar a ese certamen literario, donde pedían tres. Pagué 10 pesos cubanos en la oficina de correos de Belascoaín y Carlos III, en Ciudad de La Habana. No solo salió de Cuba, también llegó a España aquel ejemplar computadorizado, con errores y tachaduras, hasta que a principios de enero de 2004 pude enterarme, através de una llamada telefónica, que había obtenido ese premio.
 Según informó la fundación Bartolomé March, la novela presenta un "estilo ágil y vivaz, punteado de cubanismos sabrosos, toques fonéticos de distintas hablas habaneras y referencias a costumbres y productos de la vida ordinaria local". Fue seleccionada entre un centenar de obras.

Fragmentos de la novela Quinta de la Caridad, XI Premio de Novela Breve Juan March 2003, España (Fundación Bartolomé March):

Veitía se levantó del sillón y fue hasta el librero y repasó con la vista el lomo de los libros. Extrajo títulos sugestivos sobre criminalística enviados por amigos de Europa Oriental. Las huellas, de S.R. Sámusev y El procesamiento de imágenes, de T.N. Selezniova, motivaron al oficial, sentado en el sillón.
La esposa lo llamó para que cenara y Veitía detuvo sus ojos en el poste de alumbrado. Un bombillo iluminaba la esquina. Centró la vista en la circunferencia amarillenta que emitía la luz del bombillo. Parpadeó unos segundos, quedó medio cegato e imaginó que corría atrás de un asesino.
La calle estaba húmeda; sin embargo, recordó que el día fue soleado para que lloviera de repente, cuando resbaló por un salidero albañal. Se levantó y vio al asesino atravesar un terraplén y ocultarse en un hierbasal. Veitía se dio cuenta que no llovía porque el terraplén no le enfangaba los zapatos. Siguió persiguiendo al asesino y escuchó a su antiguo ayudante, rezagado, que le repetía que no se detuviera.
Sin saber por qué su mente se perdía en esa ficción logró volver a la realidad.
—Norberto –lo llamaba la esposa–, Norberto, ya hice el batido de mango.
Veitía se levantó del sillón y fue hasta el comedor. Sentado a la mesa probó el batido con una cuchara. Al lado un plato con un pan con jamón y queso esperaba ser probado. Le dio un mordisco y supo que tenía hambre.
En el ejercicio de masticar, comenzó a reproducir su último caso de homicidio. Chicha era una voz clave, cerca del lugar del crimen. Bajó el mordisco de pan con jamón y queso con un sorbo de batido. La comida ligera le hacía más bien que la pesada por la avanzada noche. El programa Prismas estaba a punto de acabarse, mientras meditaba acerca de la operación policial ejecutada antes del asesinato, del Delegado de la circunscripción que manejaba datos privados y de un informante desaparecido.
A cada rato Veitía viraba el cuello hacia el televisor. Un cortometraje respecto a un preso que coordinaba la fuga de la prisión con el sepulturero lo entretuvo durante unos minutos. El preso que deseaba fugarse le pidió al sepulturero que lo sacara del ataúd en el cementerio.
Veitía, entre un pensamiento y otro, mordisqueaba la merienda. Ya el preso salía de la prisión y sentía que bajaban el ataúd con sogas a unos tres metros y a los granos de tierra que lo cubrían. El acuerdo era que el sepulturero lo desenterrara por la madrugada y desclavara el ataúd, todo ello a cambio de mil dólares; sin embargo, pasaban los minutos, la media hora y, a punto de rebasar la hora, el preso vivo sintió el malestar de la estrechez del ataúd debido al preso muerto que aplastaba.
Veitía volvió a mordisquear la merienda y en fracciones de segundos se trasladó hacia la Quinta de la Caridad, mucha gente freía carne de puerco, mientras cinco hombres comenzaban un altercado. El caso estaba claro: era uno de ellos, pero por el escaso alumbrado, Chicha no le pudo decir con exactitud quién fue el asesino.
Tan cansado estaba el preso de esperar a que el amigo lo desenterrara y desclavara el ataúd, cuando, de pronto, encendió un fósforo y se viró para ver a su compañero: ¡era el sepulturero!
El programa Prismas terminó y el Noticiero Nacional de Televisión ocupó la pequeña pantalla. Veitía se levantó y apagó el televisor. Tragó el último sorbo de batido y disminuyó el dulzor con unos traguitos de agua al abrir el refrigerador y pegar sus labios al pomo.
Avistó el reloj y pensó en las ocho horas de descanso. La esposa lo llamaba desde el cuarto y Veitía le dijo que iba a despertar a los muchachos, mientras caminaba hacia ella. Pasó el cuarto de los hijos y la hija tosía. Veitía abrió la puerta y la vio dormida. Cerró la puerta y se dirigió a su cuarto.
— ¿Qué tenía? –preguntó la esposa.
—Nada, tosió un poco.
—Por la noche la vi preocupada... los exámenes de ingreso a
la Universidad.
—Sí, la tensión –dijo Veitía–, también la tuve.
—Estás raro, ¿un nuevo caso de...?
—Más o menos.
—No sé por qué siempre me doy cuenta.
—Porque las mujeres son chismosas.
La esposa espiró una burla y se quitó la bata, sentada en la cama. Los senos quedaron empinados hacia Veitía.
— ¿No me vas a a t e n d e r, querido?
—Como no, siempre tengo reservas.
La esposa se levantó y la bata cayó al suelo, discriminada por los pies que la patearon contra la pared.
— ¡Oh... eres una Maja desnuda! –exclamó Veitía.
—Todavía me falta... –ella le señaló el blúmer.
Veitía dio la vuelta y se le acercó. La esposa estaba de pie y él se agachó y le fue bajando el blúmer con los dientes, sin usar las manos. En esos instantes ningún pensamiento saboteaba al investigador de homicidios. Ni el asesino tras el cual corría hace un rato ni el cortometraje de Prismas. La Quinta de la Caridad no existía en su conciencia, ni su jefe, el coronel Pupo. Una vez que el blúmer se deslizó por los muslos y bajó a más velocidad por las piernas y cayó en los pies, la esposa lo condenó en compañía de la bata.
El criminalista se desvistió sin contratiempo, mientras la esposa lo contemplaba:
—Ay, mi amor, qué fuera de mí... no sabes la falta que me haces.
Veitía se frotaba los testículos con las manos y por la pinga  comenzaba a circular la sangre y a inflarla.
—Yo no puedo creer, querido, que me haya metido eso.
—Chúpamelo.
La esposa se sentó en la cama y Veitía, de pie, le facilitó la succión. Sintió el lengueteo y el cerebro y el corazón se le
desesperaron. Las piernas le temblaron y varios chorros de "leche" salpicaron a la esposa por el cabello, por un ojo, y le bajaron por el rostro y le cayeron goticas en los muslos. Ella se revolvió la "leche" por la cara y lo agarró por las manos y él se le fue encima.

sábado, 25 de agosto de 2007

MINICUENTO & POESÍA


(Literatura de ficción)
El bolso

En un parque jugaban ajedrez. Una mujer caminaba sin preocupaciones. Un hombre se le acercaba. Los jugadores charlaban al final de la partida. Entre las discusiones de los ajedrecistas, unos gritos y forcejeos les viraron el cuello a los testigos. ¡Quién te dijo que salieras! ¡Puta, dame acá, te voy a enseñar a respetar...! La mujer, sin comprender la situación, lloraba en un banco. Un jugador se le acercó: ¿Qué te pasa, mi´ja? ¿A mí…? Yo... no lo conozco...Mientras el hombre se alejaba con un bolso.

Nota: cuento publicado por la revista Somos Jóvenes, junio de 2003, La Habana, Cuba. Este cuento se encuentra disponible en la compilación de cuentos Giros del deseo, en AMAZON.
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Del poemario Ancho de colores, disponible en AMAZON

Parte 1. Arcos de reflejos

3
Si miro alrededores    destello que se aleja
en cada oral margino unos arcos de reflejos
me voy perdido siempre entre los surcos
reparo casi todo desde afuera
y siento no tenerle como veo:
la entraña de mirar hasta empotrarse
el cielo que rizó sobre su cuerpo.
Que nado  su camino por un sueño
perenne todavía    inanimado.